Entonces estaba a punto de llover, cosa que realmente no me importó, seguí caminando asta encontrar el gran roble donde siempre me sentaba a leer, entonces la lluvia comenzó, y ahí recordé todo lo que había vivido al lado de David, dolía tanto el saber que las probabilidades de tenerlo a mi lado eran una en un millón, pero aún así ya estaba acostumbrada a eso, y aunque mis lágrimas no cesaban me decidí que esta sería la última vez que me enamoraría, entonces me levanté y seguí caminando por el parque mojándome con la fuerte lluvia que en ese momento caía, entonces de entre la niebla vi una silueta de un hombre a lo lejos, con un paraguas cubriéndole, se acercó rápidamente a mi diciéndome:
-Hey! pareces necesitar un paraguas- dijo irónicamente.
-No lo necesito, estaré bien bajo la lluvia- le dije con la cabeza baja y cortante.
-Vamos! déjame cubrirte.
Entonces se acercó a cubrirme y entonces levante la mirada, era el rostro mas bello que había visto por primera vez, en realidad me impactaron sus hermosos ojos verdes, su cabello negro y su tez blanca y reluciente, en un momento de distracción él me llevo a un lugar a salvo de la lluvia y me invitó a sentarme en una pequeña barda.
-Sé que no es de lo más apropiado el sentarnos aquí, pero por lo menos no te afectará la lluvia.
-No, no importa. No te había visto antes por aquí, ¿eres nuevo en el pueblo?
-Sí, hace una semana que estoy aquí y me encanta! y más si no tengo que vivir con mis padres
-Que vida la tuya, yo desearía vivir igual
-Si bueno, es difícil acostumbrarte, pero vives cómodamente
-Bueno, la lluvia está cesando, tengo que irme- dije apresurada.
-No me mientas, tengo ojos para ver y tacto para sentir y la lluvia sigue igual.
Era tan convincente, entonces decidí quedarme un instante más... Continuará.

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