Desperté al día siguiente, y había notado que el color azul que la pequeña reliquia había teñido en mis manos aún no desaparecía del todo, entonces sentía que por alguna extraña razón, tenía que encontrar a Román donde fuera que estuviese para aclarar todas mis dudas y también que el estar con él me hacía olvidarme a momentos de David, y que no había sabido nada de el en días así que tenía que contactarlo, me decidí a ir de nuevo al gran roble que no había visitado desde ya hace días, me puse el saco negro que normalmente traía y con mucho cuidado lo eché en el bolsillo. Para mi poca suerte, encontré a David en los brazos de aquella mujer su "amada" entonces me acerqué un poco y salude gentilmente antes de hacer mi pequeño gesto de incomodidad, como solía serlo.
-Hola David, que tal, ¿como te va?- mis ojos se desviaron mirando a la chica que tenía a su lado
-Bien, gracias Elizabeth, mira ella es Simone, Simone, ella es Elizabeth mi mejor amiga- Lo dijo rebozante de alegría
-Veo que son muy felices, me alegro por eso- Dije con una media sonrisa
-Así es, gracias Elizabeth- Dijo la chica.
-Bueno David, solo pasaba a saludar y decirte que después nos vemos, tengo que hablar contigo- Me despedí, dí la media vuelta y fui por el rumbo donde había encontrado a Román.
Continuará.
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